
Un crimen legal del que pocos se acuerdan: “No voy en avión, voy en tren”

Perdón Charly por modificarte el título de una de tus canciones emblemáticas, pero quería homenajear al transporte de pasajeros más “humano” que puede existir. Ese que unía a todo el país con grandes, medianas o pequeñas trochas. Personalmente recuerdo el tren del “fin del Mundo” en Ushuaia, o la “Trochita” en la Patagonia, o “La Capillense” en Córdoba. Por supuesto que hay cien ejemplos más en la Argentina.
El tren es un servicio eminentemente social, es igualitario y no siempre deja ganancias. Incluso, en grandes países desarrollados, el Estado lo subsidia porque reconoce la misión que tiene: unir pueblos.
Pero en la década de los 90, se tomaron decisiones enmarcadas exclusivamente en determinar que el tren era un gasto inútil y se levantaron ramales por doquier sin medir consecuencias. Desafío al lector que recuerda esa época, a recorrer en la memoria, años después, cómo quedaron esos pueblos perdidos de la patria: eran fantasmas. Ante la falta de ese transporte los jóvenes se iban, y todo quedaba como Pueblo Blanco, ese mítico tema de Joan Manuel Serrat.

Para los mendocinos, se abre una gran oportunidad de contar con servicio de trenes a Buenos Aires. No importa que tarde 24 horas o más, viajaremos disfrutando del paisaje, de pasar por decenas de pueblos de varias provincias y ver cómo la gente nos saluda. Como cuando éramos chicos y esperábamos ansiosos el paso de la locomotora y sus vagones, y poder mover nuestras “manitas” en un saludo tan pasional como inocente.







