
Se acabó la hospitalidad chilena: violencia, robos y agresiones contra los argentinos

Estacioné con mi auto en la costanera de Reñaca. La idea era bajarme con Urión (mi perro) para sentarme a comer mis preferidas y gigantes empanadas de camarones. Cuando empiezo a caminar hacia el lugar seleccionado, alguien me “topa” hombro con hombro y casi caigo al suelo arrastrando a mi perro. Junto a la acción, la frase certera: “Argentino culiao”. ¿Un incidente casual? Si no fuera un lector de medios, diría que sí. Pero en los últimos días, antes de viajar a Chile, leí mucho.
Un periodista mendocino al que le dieron un puntazo en una rueda de su auto y que pudo cambiarla antes que lo robaran. Y no era el primer caso. Autos apedreados o ataques a vehículos con palos. Hasta una argentina que asaltaron en un shopping de Reñaca para robarle las bolsas con productos que había comprado. Y la seguridad al lado, inmutable.
¿Es efecto del Mundial? No pasa por ahí. Hubo cambio de política y hay cambio de actitud. La pregunta que más asusta es que si todo esto es espontáneo o impulsado. Pero si me dejan hilar un poco fino, entre el nuevo gobierno chileno y el argentino habría cierta afinidad ideológica. ¿Entonces?
Aprendí con los años que no siempre, cuando uno suma dos más dos, da cuatro. Hay algunos que recomiendan a los argentinos (o mendocinos) que van a la costa chilena, usar transporte público y no sus autos. ¡Qué cosa! Entonces uno va de vacaciones ¿a padecer o a disfrutar? ¿Cuál sería el sentido de ir a nuestro descanso anual para andar con cuidados? Es la política, estúpido, me diría un analista amigo. ¿Hasta cuándo?



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